martes, 7 de abril de 2015

HASTA DARME CUENTA DE QUE SOY VIDA



Un escrito de una amiga de un gran maestro, que comparto. Cuidemos que no nos pase la vida esperando no se sabe qué...

HASTA DARME CUENTA DE QUE SOY VIDA

21 marzo 2015


¿Alguna vez he permitido a la Vida manifestarse en mí tal y como ella es? ¿Alguna vez la he dejado actuar? ¿Alguna vez he escuchado lo que tenía que decirme? ¿Alguna vez he mirado en la dirección que ella me indicaba?

Nunca. Siempre he pretendido llevar el control. Siempre me he creído dueña y señora de mi destino, de mi pasado y mi futuro; y cuando las cosas no salían como yo tenía previsto, me bastaba asumir el papel de víctima y pensaba que esa misma Vida, a la que yo ignoraba, era cruel e injusta conmigo. Yo siempre tenía razón; la Vida siempre estaba equivocada.

Ella no ha dejado de susurrarme, de inspirarme, de reconducirme y yo he estado continuamente dándole la espalda, apartándome de los lugares a los que ella me conducía, como si la sabia fuera yo y la Vida la ignorante.

Así nos hemos pasado casi sesenta años, prácticamente toda una existencia, Ella queriendo mostrarse, yo mirando hacia otro lado.

Y el tiempo se agota, la Vida no puede esperar más, la arena del reloj se desliza y yo sigo sin querer ver, sin querer escuchar y a Ella se le termina su infinita paciencia.

No hay nada más desesperante que un ser humano que se cree poseedor de la verdad, que es incapaz de darse cuenta de que se ha fabricado un sueño y que vive dentro de él confundiéndolo con la realidad.

La Vida me ha hecho muchas advertencias: fracasos, desamores, pérdidas, abandonos, frustraciones, pero a pesar de todo yo he seguido caminando según mis propias reglas, como si supiera a dónde me dirigía, sin darme cuenta de que cada desengaño era una advertencia para cambiar el rumbo, un buen consejo para tomar otro camino.

Ante mi ceguera, ante mi sordera, ante mi tozudez, a la Vida no le ha quedado más remedio que pararme en seco; no le he dejado otro recurso más que el de mostrarse ante mí en toda su crudeza, en toda su fuerza. El cáncer ha sido la única manera de hacerme despertar de este sueño absurdo en el que llevo sumergida toda mi existencia.

El cielo se ha derrumbado sobre mi cabeza y el suelo se ha abierto bajo mis pies y todo ese inmenso artificio que he construido durante casi sesenta años se ha venido abajo, se ha pulverizado.

Me he quedado sola, desnuda, sin nada a lo que agarrarme, sin ningún lugar en el que refugiarme. La Vida me ha obligado a salir de la concha en la que me había escondido, del sueño en el que me había ocultado. La Vida me ha forzado a levantar la cabeza y a mirarla directamente a los ojos.

Pero Ella me ha dado una nueva oportunidad, tal vez la última, un nuevo comienzo, como si hubiera vuelto a nacer pero conservando todo lo experimentado, todo lo aprendido, todo lo sufrido. Como una niña-vieja que puede recordar sus errores y a la que aún le quedan fuerzas para caminar aunque no sepa ni quién es, ni siquiera si habrá algún sendero que recorrer, o será ella quien tendrá que abrirse camino entre la maleza.

Porque ahora todo ha cambiado, desde mi cuerpo hasta mi mente. Nada de lo que antes me configuraba me sirve ya, todo se me ha quedado pequeño, absurdo, inútil.

Sola, desnuda, sin saber quién soy ni en qué creo, sin prestar oídos ni a mi mente ni a mis pensamientos, que ahora sé que solo son un producto de esa mujer que ya no existe, que no es real, al igual que no lo es mi ego ni mi personalidad. Sola, desnuda, en medio de este inmenso desierto de arenas blancas donde no existe ni el norte ni el sur, ni el este ni el oeste, ni el cielo ni la tierra. Sola, desnuda, sin Dioses en los que creer ni a los que orar. Sola, desnuda, rodeada de vacío, de silencio, mientras me doy cuenta de que al fin, por primera vez en sesenta años, me siento VIVA.



viernes, 20 de marzo de 2015

UNA FE ADULTA?

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué la mayoría de los chicos que hacen catequesis y la "primera comunión" en nuestras comunidades cristianas desaparecen los 15-16 años? Yo hace tiempo que le doy vueltas, mirando como sube año tras año la media de edad de los y las que participamos en las celebraciones religiosas.
Una causa posible yo creo que puede ser el infantilismo de la mayoría de conceptos que encontramos en nuestra praxis religiosa, y sobre todo en lo que dicen los líderes de nuestras comunidades. Me refiero tanto a la exégesis bíblica como los "consejos" para nuestra vida espiritual. ¿No creeis que nos mereceríamos unas interpretaciones menos literales y más adultas de los textos bíblicos? ¿Es necesaria la insistencia en "Jesús dijo" o "Abraham hizo", cuando muy probablemente ni Jesús dijo nunca eso o ni siquiera Abraham existió? Todo ello por no hablar de los "consejos" para nuestra vida espiritual que, como mucho, no hacen más que repetir lo que hemos oído tantas veces desde nuestra más tierna infancia.
¿Qué pediría? Sencillamente que nos traten como personas adultas e inteligentes que somos. Los textos bíblicos no son narraciones como las que encontramos en los actuales libros de historia. Son relatos para alimentar la vida espiritual y la fe de las personas a las que van dirigidos. Y es justamente eso lo que queremos oir en nuestras celebraciones. Cada vez que un cura pronuncia el fatídico "Jesús dijo", no puedo evitar sentirme ofendido, porque considero que aquel hombre me considera un niño incapaz de saber y entender lo que él sabe.
Y para terminar dejadme compartir una anécdota de mis años de formación religiosa. Un presbítero sapientísimo nos hizo una clase sobre la resurrección de Jesús y sobre el mismo hecho de la resurrección. En resumen nos dijo que los textos explicaban la experiencia íntima de las primeras comunidades de seguidores de Jesús, que lo sentían vivo y entre ellos y ellas. Creo que no habían pasado ni dos horas cuando el mismo presbítero sapientísimo hacía la homilía en la iglesia. Como os podéis imaginar no dijo absolutamente nada de lo que nos había explicado en clase. En la efervescencia de mis veintypocos años, fui a interpelarle enseguida. Su respuesta fue que "la gente no entendería lo que os conté a vosotros."
¿No podría ser que nuestros chicos y chicas de 15-16 años se marchen de un lugar donde todavía se les trata como niños y niñas?

jueves, 26 de febrero de 2015

FUNDAMENTALISMO/S

Escribo esto impresionado aún por las imágenes de los mal denominados islamistas destrozando obras de arte de hace más de 4000 años en Asiria. Uno de ellos declaraba que hacían todo aquello para cumplir lo que les comandó el profeta de destruir todos los ídolos. El pobre diablo ignoraba que las estatuas que destruía no correspondían a ningún dios o ídolo, sino que eran de reyes y gobernantes.

Pero destruir obras de arte no es lo más grave que han hecho estos criminales. Ayer comíamos con la noticia que habían entrado en un pueblo kurdo y habían secuestrado a más de 100 personas, en su mayoría ancianos, mujeres y niños, sólo por ser cristianos/as. Por la noche supimos que el número se acercaba a los 200 y que "habían comenzado a asesinarles". Y cuando estos miserables asesinan, lo hacen de la forma más bárbara posible: por degüellamiento, ante las cámaras, después de haber vejado e insultado a la víctima. O por lapidación. O aún de una forma más cruel: por lanzamiento al vacío, tal como vimos con horror la semana pasada que hacían con uno hombres porque "eran homosexuales".

Aún impresionado por esta barbarie, y coincidiendo en el tiempo, hemos podido conocer lo que la conferencia episcopal de la iglesia católica española considera que debe enseñarse en las clases de religión de la enseñanza primaria y secundaria. Es verdad que estos fundamentalistas no asesinan ni destrozan obras de arte, pero no andan muy alejados de sus "hermanos" del mal denominado "estado islámico". Porque en el currículo de la asignatura encontramos la condena a la infelicidad para quien no es "amigo de Dios", echando al traste siglos de diálogo interreligioso y contradiciendo el mensaje de amor, misericordia e inclusión radical de los textos evangélicos y de Jesús de Nazaret. También se afirma que lxs alumnxs deben ver el cosmos y toda la creación como obra directa de Dios, sin nada que ver con el azar, tesis idéntica a la de los creacionistas norteamericanos que han logrado prohibir que se explique la teoría de la evolución en algunas escuelas de su país.

Este pasado domingo, el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Barcelona, decía que "no podían orar"(...) "aquellos que creen que Dios es un ser indeterminado, sin rostro ni nombre, que habrá de ser hallado por acuerdo entre religiones"(...) "o quienes entienden que la fe cristiana consiste en la transformación del mundo según un modelo utópico", apartándose él también de lxs grandes místicos de todas las tradiciones religiosas que ven y viven la divinidad de la misma forma y de las escuelas teológicas contemporáneas, que ven en el aquí y ahora transformado por nuestras manos el Reino del que habla Jesús.

Si fuese un cristiano sirio, probablemente hoy tendría que huir de mi casa para que no me secuestraran y asesinaran los fundamentalistas. Si fuese homosexual en Iran, probablemente ya habría muerto porque los talibanes me habrían lanzado al vacío desde algun edificio, o me habrían lapidado.

Soy homosexual y cristiano y vivo (de momento) en el estado español. Pero aquí tampoco no estoy a salvo de los fundamentalismos de la conferencia episcopal o de mi obispo, que dice que soy de los que no podemos hacer oración porque nunca he visto el rostro de Dios ni me atrevo a decir su nombre, o porque creo que el Reino llega a travérs de nosotros, que colaboramos día a día en la obra maravillosa de la creación.

Malos tiempos...

domingo, 22 de febrero de 2015

AYUNO Y ABSTINENCIA 2015

Jesús..

¡AQUELLAS PIEZAS ARQUEOLÓGICAS!Ayuno y abstinencia-2015MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.
ECLESALIA, 23/02/15.- Empieza la Cuaresma un año más. Han pasado ya diez años desde que escribí sobre este tema. He vuelto a leer el artículo (ECLESALIA, 18/02/05) con ánimo de ponerme a tono ante la llegada de la Cuaresma.
¡Qué livianas me parecen mis palabras de entonces! Después de tres mil seiscientos cincuenta y pico días y, aunque “lo escrito, escrito está” y era para un tiempo concreto, han cambiado muchos las cosas.
Entonces aún nadábamos en la abundancia (o eso creíamos); aún no habían saltado por los aires los engranajes de un pozo de corrupción financiera, económica y política a nivel mundial; aún no nos sonaban nombres como Lemans Brothers, Prima de Riesgo, Rescate, Perdonar Deuda a países del Bloque Occidental; aún no aguantábamos un Paro desorbitante pues fluía dinero no controlado (eso se ha visto luego); había Paro pero no a los niveles que tocamos ahora. Aunque es buena la memoria y recordemos que, aún en la abundancia, la denominación “mileurista” es de aquellos tiempos. Aún podíamos hablar del 0,7 para los países en vías de desarrollo; aún… aún no había estallado la Crisis.
Aquí estoy de vuelta preguntándome como hace 10 años si el ayuno y la abstinencia tienen un sentido traducido a nuestros días: los del año 2015, después de siete años de caída libre y recortes sociales hasta en lo más esencial y pagando siempre los de abajo.
¿Cómo vivir el ayuno y la abstinencia en este momento cuando ya casi no sirven los planteamientos de hace unos pocos años?
… Y si el ayuno y la abstinencia se convirtieran en ayuda y asistencia a quienes no tienen ingresos.
… Y si la denuncia de las injusticias se convirtiera en un deber diario sumando voces más allá de ideas y colores políticos.
… Y si empezáramos a hacer gestos de apoyo mutuo, intercambiando tiempo y cuidado unos por otros.
… Y si la televisión pasara a un segundo o tercer plano en la realidad de nuestros hogares. De esto ya hablaba en el anterior… pero seguimos dependiendo más y más de los medios.
… Y si apagamos el móvil de vez en cuando. No dije poner en vibración ni en silencio (¡hace diez años no teníamos whatsapp!) digo practicar la desconexión como una forma de terapia.
… Y si diéramos tiempo a la conversación, a la escucha, a dar nuestro tiempo con quienes están más solos.
… Y si hiciéramos más cosas de esas que no cuestan dinero.
… Y si no nos dejáramos saquear por las grandes compañías y exigiéramos un trato más humano, por ejemplo: no hablar con ordenadores por teléfono; no pagar por pedir información a un banco, aseguradora o compañía de telefonía; no dar datos personales sin que a su vez nos faciliten los de la empresa.
… Y si cada vez más participáramos en Mareas (blancas, verdes… científicas, artísticas, etc.) que siguieran impulsado la protesta ante tanto despropósito.
… Y si fomentáramos el encuentro interreligioso en pequeños detalles de la vida para que dejáramos de mirar “al otro” como estereotipo, el diferente, el “no-yo”.
… Y si dedicamos más tiempo al silencio, a la oración, a la meditación para recobrar energía y sentido, necesarios para salir al ruedo de la vida de todos los días.
… Y si dejáramos de escuchar tanta confrontación y violencia política hasta que se dieran cuenta de que hay que ponerse de acuerdo en beneficio de todos y en perjuicio de los que abusan y se corrompen.
… Y si en esta Cuaresma, el ayuno es el de muchos padres que han visto partir a sus hijos a buscar trabajo en otros países. Ayunar de hijos… es muy triste.
… Y si en esta Cuaresma, la abstinencia la vemos materializada en quienes se abstienen de ir a su casa, porque han sido desahuciados por los bancos; en quienes esperan su medicación contra el cáncer, la hepatitis C (y otras) que no llega porque el presupuesto se gastó en otra cosa.
Creo que después de estos 10 años, el ayuno y la abstinencia que es mucho más que si como carne o pescado, se han convertido para muchas personas en el modo de vida; una vida no elegida pero sí sufrida. Cáritas sabe muy bien qué es ayunar y qué es abstenerse mucho más de 40 días.
La Cuaresma puede ser el principio de un camino de conversión. Los cuarenta días que dura es el pistoletazo de salida. Si algo caló, el año se quedará pequeño para vivir una vida en coherencia y solidaridad y querremos comprometernos cada día de nuestra vida.
Que no tengamos que escuchar un año más las palabras de Jesús: “¿Todavía no comprendéis ni entendéis nada?” (Mc 8, 14-21). No, no atendemos, no entendemos y no comprendemos; por mucho que nos advierta seguimos tragando la levadura de los que engañan y manipulan.
Unas palabras del Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2015 también ayudarán en este tiempo: “Toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres”.
Vayamos, entonces, como mujeres y hombres libres: con ojos que miran y ven; oídos que oyen y saben escuchar; con mente que clara que sepa discernir y no se deje manipular; y con un corazón atento y amante ante el sufrimiento humano. Sin olvidar la alegría que produce la levadura que, compartiendo el pan con otros, al final sobra. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

martes, 10 de febrero de 2015

ORACIÓN DE LA PERSONA DESPIERTA



Vida:

Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.

Corrige mi esperanza de ser enmendado.

Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad. Ayúdame a vivir una vida radicalmente extraordinaria, forjando siempre un camino jamás-antes-transitado en el bosque.

Enséñame cómo amar con más profundidad, como nunca antes creí que fuera posible.

Cualquier cosa de la que siga huyendo, síguemela mostrando con absoluta evidencia.

Cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella, a relajarme en ella, a abrazarla completamente.

En donde mi corazón continúe cerrado, muéstrame la forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.

Todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.

Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables, si crees que eso me ayude a tener una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la vida.

Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.

Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.

Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.

No me libres de la verdad. Nunca.

Deja que la gratitud sea mi guía.

Deja que el perdón sea mi mantra.

Deja que este momento sea mi eterna compañía.

Permíteme ver tu rostro en cada rostro.

Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.

Sostenme cuando tropiece.

Respírame cuando yo no pueda respirar.

Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.

Amén.
Jeff Foster


martes, 3 de febrero de 2015

San Romero de América

Comparto con vosotrxs el bello texto que me ha hecho llegar mi amigo y hermano Mauricio, obispo de la Iglesia Guadalupana.

“San Romero de América”
35 años ha demorado la jerarquía de Roma para hacer caso a la aclamación del pueblo salvadoreño y latinoamericano de que “San Romero de América” brilla con luz divina para los empobrecidos del Continente y del mundo. Cuánto se han demorado en atender a la voz del pueblo. (Vox Populi Vox Dei) (La voz del pueblo es la voz de Dios).  La noticia que tenía que llegar la recibimos con corazón y esperanza viva, es una re significación del Amor Eficaz, “dar la vida por el otro”.
En medio de tanta mentira, engaño, injusticia y tanta muerte en el Continente, la persona de Monseñor Oscar Arnulfo Romero marca un hito en el liderazgo y pastoreo por los demás. Fue un hombre cabal, compasivo y misericordioso, anunciador de la Buena Nueva, capaz de asumir el reto de entregar la vida por Amor. El pueblo sencillo no tiene empacho en dudar y proclamar “Santo” al que las balas asesinas le arrebataron la vida, no lograron acallar su palabra que es Evangelio Vivo.
Don Pedro Casaldáliga, también obispo y profeta de nuestra Latinoamérica, escribía a los pocos días del asesinato, una triple  realidad: “Monseñor Romero dijo la verdad, nos defendió a  nosotros los pobres, y por eso lo mataron”, fue de los pocos que reconocieron inmediatamente que Romero era Santo, Profeta, Pastor y Mártir. Un Santo muy nuestro, que caminó en nuestras luchas, que reivindicó nuestra sencillez y condenó a los que nos empobrecían. Su compromiso con el pueblo lo vuelve un santo diferente a los del altar, Romero es un Santo de casa, que se ganó las puertas abiertas al caminar en el codo a codo en el sufrimiento de la gente. Sonaba a blasfemia este anuncio de Monseñor Casaldáliga, llamar Santo, a quien la jerarquía romana veía como un peligro  a los intereses del poder de esa otra iglesia, la que arrastraba la marca de Constantino y el acomodo.
No se quedó en el Salvador, se volvió universal, porque así es el Evangelio, palabra que se encarna en la realidad del pueblo de Dios en un contexto de guerra y de violencia, marcado por el imperialismo y sus titiriteros. Ser considerado Santo es un título reconocido por creyentes y no creyentes, por católicos y evangélicos, por marxistas y luchadores sociales que defienden la vida y la dignidad de los pobres en el caminar paso a paso aportando a la construcción de Otra Sociedad Posible tras las huellas de Romero de América.
Con qué ternura le reza y le pide al Dios de la Vida por intercesión  de este Santo contemporáneo, nuestra gente sencilla. Su martirio y entrega de Amor Eficaz se asimila a la de muchos y muchas lideresas latinoamericanas que siguen rubricando el compromiso por el pueblo. La lista es interminable y Romero tomó la posta de tantos mártires y profetas del pueblo que la jerarquía no quiere reconocer, quizá porque llaman a la conversión, a salir del acomodo y a caminar junto al pueblo. Superar el miedo a la desinstalación es parte de la exigencia de la entrega y compromiso que Romero asumió. El asesinato de su sacerdote y amigo Rutilio fue el punto de inicio para el cambio, si él lo logró por qué  no lo hacemos nosotros. La gente llena de papeles y de placas reconociendo sus favores o milagros. Tanto en vida como desde el cielo sigue estando junto a los que el mismo Jesús de Nazaret optó: los más empobrecidos del sistema.
Roma quiere hacer este reconocimiento ahora, bienvenido, que la palabra encarnada de Romero continua resonando y sigue su ruta en el caminar  de un pueblo que siente la presencia del Dios de la Vida en lo cotidiano. Su reconocimiento es algo que se lo ganó en vida,  hacen falta pastores hoy  con esa entrega amorosa, convencerse que el pueblo, la voz de Dios, se expresa con sonido propio y nada la podrá acallar. San Romero de América, el pueblo sabio sencillo ya te reconoció.
Qué distinto el proceso de otros venerables hombres y mujeres que llegaron a los altares en tiempos record. Romero, aún de muerto seguía siendo considerado como un peligro para el poder establecido y para las mismas jerarquías cristianas y gubernamentales. Romero interpela a todos e invita a la construcción de la verdad colectiva. Sus mismos hermanos de episcopado lo persiguieron y le dieron la espalda, sólo uno, el obispo Rivera quien secundó a Monseñor Romero en pronunciamientos como la carta pastoral a las organizaciones populares. Ellos, lobos vestidos de pastores volvieron a criminalizarlo en la visita del Papa Juan Pablo II en el año 1996, lo acusaron de ser el responsable de 70.000 muertes en el Salvador.
En la visita de Juan Pablo II al Salvador no quiso reconocer la persecución y la muerte sistemática de los militares en contra de la Iglesia de los Pobres y menos del martirio de religiosas, sacerdotes y laicos, más aún, le amonestó diciendo que estaba a un paso de caer en el “comunismo”. Lo mismo ocurrió en la visita a Roma; él volvió triste, se dejó a acompañar en el sentimiento del Padre Arrupe y del Cardenal Pironio, también mal entendidos en sus prácticas y entregas a favor de los excluidos del sistema y de la misma jerarquía.
Ser fiel a Jesús y al Evangelio eran su carta de presentación. La voz de los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín y Puebla marcaron la ruta a seguir. El Vaticano II, las encíclicas sociales presentaban a un Dios encarnado en la realidad de los pobres. Allí está el peligro sentido por la jerarquía romana. Vivir el evangelio significa ser coherentes con el llamado de Jesús hasta el punto extremo de entregar la propia vida. 
John Sobrino nos hacía caer en cuenta que otra de las dificultades de Roma para reconocer a Monseñor Romero como Santo era que no se podía consagrar a nadie que vaya en contra del poder, aceptar ésta beatificación es aceptar a Romero como un modelo ejemplar de vida cristiana y humana y deslegitimar a los poderosos del Salvador y del Continente entero que siguen persiguiendo a la Iglesia de los pobres.
Monseñor Romero fue asesinado y eso le da el título de Mártir de la fe. Nos viene a la memoria y la tenemos fresca después de 35 años, ¿Dónde están sus asesinos, los autores intelectuales y materiales?, siguen paseando por las calles del imperio estadounidense, protegidos de quien invirtió para negar que la voz de Romero tome vigor. Los culpables siguen campeando en las calles y en los puestos oficiales del mismo gobierno, idolatrando al dios del poder y del dinero que se quiso imponer a sangre y fuego. Continúa el poder ensalzando y encubriendo a los asesinos, victimizando a los victimarios. ¿Roma va a tomar en cuenta esto para este reconocimiento al que el pueblo ya se pronunció? ¿Van a pedir perdón y olvido, como se está acostumbrado con los crímenes de lesa humanidad? Esperamos un pronunciamiento real en contra de los asesinos del pueblo salvadoreño, que después de 35 años, los escuadrones de la muerte siguen persiguiendo y asesinando al pueblo,  no los desmontaron, cambiaron de nombre, al igual que en Nicaragua, Colombia, Chile o Argentina.
“El Buen Pastor da la vida por su pueblo”, así lo hizo, cumplió el mandato evangélico. Su reconocimiento no es sólo en casa propia sino que traspasó el vecindario. Se volvió un santo universal, antes que Roma lo reconociera, dejó a un lado las ortodoxias y exigencias de los hombres que manejan el Vaticano.
En el pensamiento popular, la figura de Monseñor Romero se convirtió en un estandarte para recorrer lo andado. Son huellas de esperanza en que los empobrecidos nos identificamos plenamente. Romero: Camino, Verdad y Vida, como su Maestro, allá es donde tenemos que llegar.
Monseñor nos devuelve lo grandioso del Evangelio: la autenticidad, sencillez con que hay que amar a los demás, el proceso, la organización, los pobres, el barrio, la ternura para actuar, la fidelidad a la causa de la Vida Digna, a la Justicia, la Paz… La Verdad prevalece en este reconocimiento a Monseñor Romero. Si es algo de transparencia con la historia, hay que destapar la podredumbre que se oculta al interior del poder, sea cual fuese. La verdad no se la puede seguir ocultando. Que aparezcan los responsables de nuestros muertos, los autores intelectuales de nuestros desaparecidos, los que propinaron los golpes en las torturas a nuestros líderes, a quienes intencionaron callar la voz de los sencillos.
Monseñor Romero se reencontró con el rostro de Dios, dicho y reconocido por los obispos latinoamericanos en Puebla. Su ser Profeta le dio la autoridad para denunciar la desatención y el abandono a los más necesitados, la cultura hedonista impuesta por el sistema capitalista, el despilfarro de recursos en medio de tanta pobreza, los falsos Epulones, escondidos con fachada en las multinacionales y el capital financiero que llena los bolsillos de los mismos poderosos que lo mandaron matar. En medio de esas contradicciones anti evangélicas anuncio al Dios de la Vida que acompaña a nuestro pueblo en sus luchas. A ese Dios amoroso, tierno y compasivo y que devuelve la voz a aquellos que se les había arrebatado.
Ser coherente, vivir el cristianismo hasta el extremo no es nada fácil, tampoco es imposible. Tomar la vida en serio es asumir los retos contra el sistema. Es Amar de manera Eficaz, asumir la vida del otro como ofrenda de amor a Dios y la comunidad. Ser fiel a estos principios nos vuelve personas creíbles, éticas y cargadas hasta rebosar en una fe en el Dios que nos da la vida. Fieles hasta el final. Hacer las cosas por convencimiento, con entereza. En el Dios de San Romero nos volvemos más humanos y más divinos a la vez, porque recuperamos la dignidad que pretendieron arrebatarnos como hombres y como hijos de Dios que somos. Pasar haciendo el bien, seguir convencidos en la lucha de los pobres es nuestro llamado. Servir a los pobres es reencontrarnos con el rostro de Dios que el sistema nos sigue ocultando.
Bien por este reconocimiento, porque dan la razón a ésta Iglesia de los Pobres que no ha pretendido otra cosa sino vivir a cabalidad la fidelidad al Amor a Dios a través del servicio a los demás. Lo único que hemos pretendido es vivir el Evangelio desde la realidad de nuestro pueblo. Monseñor Romero, Santo, Pastor y Mártir, te aclamamos como el Bienaventurado de nuestros tiempos. No acallaron la voz del Profeta, sigue hablando en nuestro compromiso por la Vida.
La Beatificación de “San Romero”, aunque tarde, llama a la conversión a todos. Invita también a mirar la realidad de nuestros espacios sociales, eclesiales y organizativos. Recordar el martirio de San Romero es no olvidar las víctimas del Continente, las injusticias y atropellos que se siguen cometiendo, el silencio y la complicidad de una jerarquía aliada con el terrorismo estatal. Si levantamos la figura de Monseñor Romero como Mártir, Pastor y Profeta es porque lo aprendido en él es a revertir el rumbo de la historia que se escribe desde los empobrecidos. Reconocer las virtudes de Oscar Arnulfo Romero es devolver las dignidad de las víctimas y de sus familiares. La tarea: debemos continuar.
¡Gloria en San Oscar Romero a los mártires del Continente!
¡Romero Vive, Vive!, ¡La Lucha sigue y sigue! 

Mauricio

martes, 13 de enero de 2015

¿CATECISMO O EVANGELIO?

Copio hoy un artículo de Enrique Martínez Lozano, con quien comparto su visión del mundo, de la espiritualidad, de la religión y de la aventura maravillosa del alma.


Este texto nace a raíz de algunas experiencias recientes vividas en encuentros con personas religiosas (católicas), que me habían pedido abordar el estudio de la figura de Jesús.
         En tales encuentros, se me ha ido haciendo cada vez más clara la dificultad que supone acercarse con limpieza a Jesús cuando se ha internalizado su imagen a través del catecismo aprendido. Y he podido constatar hasta qué punto el catecismo ha sustituido al evangelio y eso se ha convertido, en la práctica, en un obstáculo para acoger el mensaje de Jesús, por un doble motivo: porque el catecismo transforma la novedad del evangelio en doctrina anquilosada y porque tal doctrina resulta cada vez más difícil de asumir desde la sensibilidad que acompaña a nuestro momento histórico.

         En este escrito, quiero ofrecer algunas claves acerca de:
·         la trampa (inconsciente) que ha reducido el evangelio al catecismo aprendido;
·         las consecuencias de la misma;
·         la comprensión de la figura de Jesús, más allá de la religión y de la Iglesia, lo cual está en plena sintonía con nuestro momento cultural y lo que parece ser el horizonte futuro: una espiritualidad trans-religiosa;
·         la capacidad de acoger la figura de Jesús, desde el modelo no-dual de conocer; desde ahí, todo se modifica; también lo relativo al modo de entender la llamada “divinidad” de Jesús y las afirmaciones dogmáticas acuñadas a partir del concilio de Nicea (del año 325).

         Soy consciente de que los católicos dan por supuesta una identidad fundamental entre evangelio y catecismo, hasta el punto de que les puede resultar extraño incluso el hecho mismo de que sea puesta en cuestión. Sin embargo, quizás sea bueno verlo con un poco de detenimiento, sin dar nada por supuesto.

         En esos encuentros recientes a los que me refería, algunos participantes expresaron que tenían que rechazar lo escuchado porque “querían defender el catolicismo”, y les parecía que el Jesús del que yo hablaba no era el Jesús “católico”. En un lenguaje más preciso, yo entendí que el criterio para descalificar lo que había expresado en el curso, acerca de la figura de Jesús, era lo que habían aprendido en el catecismo.
         Y aquí es donde, a mi modo de ver, radica la trampa: el Jesús que ha llegado hasta la inmensa mayoría de los cristianos es una imagen filtrada, adaptada, reducida y, literalmente, “domesticada”, por obra y gracia del catecismo.
         Todos los estudios serios sobre la figura de Jesús ponen en evidencia que el Jesús histórico tiene poco que ver con el Jesús del que se habla en el catecismo. Pero esto no debería sorprender: mientras Jesús fue un crítico implacable de la religión y de la autoridad religiosa, el catecismo no nace del evangelio, sino de la proyección de la mente religiosa, que imagina a un Dios a nuestra imagen y semejanza.
         Durante la existencia histórica del Maestro de Nazaret, se planteó un conflicto entre el Dios de la religión y el Dios que Jesús anunciaba. Como suele ocurrir, el poder salió aparentemente victorioso y el Dios de la religión terminó asesinando al Jesús de Dios.
         O dicho de otro modo: el catecismo presenta a un Dios “previsible”, acorde con las categorías de nuestra mente proyectiva; por el contrario, tal como escribiera Dietrich Bonhoeffer, “el Dios que se revela en Jesús pone del revés todo lo que el hombre religioso espera de Dios”.
         En el caso cristiano, la mente proyectiva se sirvió, primero, del genio religioso de Pablo –que convirtió en “religión” el mensaje sencillo y sabio de Jesús- y, más tarde, de las categorías de la filosofía griega –que habría de ser la matriz donde se gestaran los grandes dogmas del cristianismo-.
         Como resultado “natural” de todo ese proceso, se produjo una divinización, apropiación y  domesticación de la figura de Jesús que, de ser un judío sabio, un hombre profundamente espiritual (humano), portador de un mensaje universal de sabiduría y crítico de la religión, a través de una propuesta radicalmente subversiva, fue presentado como fundador de una religión más y, supuestamente, de la iglesia cristiana, tal como hoy la conocemos.
         Una vez producido el cambio, la visión de la teología (del catecismo) habría de convertirse, lógicamente, en el criterio último acerca de todo lo que podía decirse o no sobre la figura de Jesús. Todo aquello que no repitiera literalmente los dogmas cristológicos y que no asumiera la “imagen” de Jesús que había filtrado esa misma teología (y catecismo) quedaba automáticamente descalificado.
         Otra consecuencia no menor de aquella confusión es la que se palpa en la confesión de no pocas personas consagradas que reconocen haber sido adoctrinadas, pero no evangelizadas. Eso es exactamente lo que ocurre: el catecismo adoctrina y fomenta una religiosidad observante, basada en el cumplimiento, pero no lleva a conectar vitalmente con lo que fueron las actitudes profundamente humanas de Jesús.
        
         Todo ello, como decía, es consecuencia de haber absolutizado la teología heredada y el catecismo aprendido. Sin embargo, si se toma un mínimo de distancia de este, basta una aproximación simple al evangelio para constatar como evidente el contraste palpable entre los contenidos de uno y de otro. Sabiendo cómo funciona la mente humana y el papel que juegan las creencias, sobre todo dentro de una institución poderosa y autoritaria, no es difícil concluir que, si no se percibió antes aquella disonancia, fue debido sencillamente al mecanismo por el que los seres humanos tendemos a identificarnos con aquello que creemos.
         Con todo, si bien es cierto que el contraste entre catecismo y evangelio es evidente para cualquier lector atento, en nuestro actual momento histórico nos encontramos con dos elementos que facilitan una comprensión mayor
         En primer lugar, la nueva sensibilidad cultural parece percibir que estaríamos asistiendo al inicio del ocaso de las grandes religiones teístas. Nacidas en un momento histórico determinado –dentro de un nivel de consciencia mítico y en una sociedad caracterizada por un fixismo rígido-, no solo se revelan en “disonancia” con un nivel de consciencia más ampliado, sino incluso –en su forma tradicional- resultan irrelevantes en esta sociedad tecnológica avanzada y en constante innovación y cambio.
         Nadie duda de que, en una historia de luces y de sombras –como todo lo humano-, han aportado riqueza a la humanidad en su devenir histórico: fundamentalmente, han motivado y desarrollado la personalización –al hablar de un Dios “personal”- y han potenciado la dimensión ética del comportamiento humano, desde la exigencia de “imitar” a un Dios bueno.
         Sin embargo, parecen acumularse evidencias de que nos hallaríamos en un proceso de transformación o metamorfosis de lo religioso, a resultas de la cual la religión sería trascendida en la forma de una espiritualidad no dogmática, universal, inclusiva y no-dual.
         El segundo factor que favorece una aproximación más “limpia” a la figura de Jesús es el giro copernicano en nuestro modo de conocer, que constituye una de las mayores revoluciones a las que estamos asistiendo: se trata del paso del modelo mental de conocer al modelo no-dual (o “conocimiento silencioso”, del que los sabios y místicos de todas las tradiciones han dado siempre testimonio).
         Ambos factores abren, de una forma espléndida y luminosa, nuestra percepción del Maestro de Nazaret, al acercarnos a un Jesús más allá de las religiones, no “religioso” ni “católico” y, al mismo tiempo, “espejo” límpido de aquella misma y única identidad que todos compartimos.
         Si el engaño primero y radical en que se basa el modelo mental es la creencia de que todo está separado de todo –y, sobre esa creencia errónea, se articuló la creencia dogmática en Jesús como un Dios separado-, el modelo no-dual nos permite percibir el equívoco y nos abre a reconocer la no-separación, la interrelación de todo en una admirable unidad dentro de las diferencias. Jesús deja de verse como un ser separado para ser comprendido como aquel hombre sabio que “vio” y vivió lo que somos todos.
         Desde esta nueva perspectiva, la imagen de Jesús que presentan los dogmas, la teología clásica o el catecismo resulta de una pobreza raquítica, desfigura su rostro y vacía de contenido su mensaje, hasta convertirlo en una creencia rutinaria para consumo exclusivo de quienes han decidido creer en él.

         Llegados a este punto, toca vivir el respeto hacia los otros y el cuestionamiento lúcido hacia uno mismo.
         Con frecuencia, en los ambientes católicos, al cuestionar la imagen de Jesús, aprendida en el catecismo, se producen malestares e incluso “escándalos”. Ante esta primera reacción, la autoridad religiosa se posiciona en defensa de quienes discrepan, porque también ella comparte la misma imagen de Jesús.
         Es llamativo, sin embargo, que la descalificación tome una forma “autoritaria”. Es decir, no se aportan argumentos de valor; son, sencillamente, de autoridad: “el catecismo no puede ser cuestionado”.
         Es significativa también la actitud que subyace: no se sabe bien si lo que interesa es conocer limpiamente a Jesús… o, más bien, fortalecer las creencias que ya se tenían acerca de él y “defender el catolicismo”.
         Llama igualmente la atención la insistencia en hablar de un Jesús “católico”, sin caer en la cuenta de que esa misma denominación está ya dando por supuesta una “apropiación” y “domesticación” de la figura del Maestro de Nazaret absolutamente indebida. 
         En resumen, pareciera como si lo que realmente interesara no fuera un conocimiento real de Jesús, sino demostrar que Jesús es tal como ellos lo creen y que, además, es “nuestro”.
         Frente a ello, hoy parece incontestable históricamente que Jesús no “fundó” la Iglesia ni tampoco creó una nueva religión –su mensaje no coincide con la doctrina “católica”-, sino que ofreció y vivió un mensaje de sabiduría que, con frecuencia, la misma religión que dice fundamentarse en él ha encorsetado y empobrecido, convirtiéndolo en una creencia rutinaria y alejada de la vida.
         Soy consciente de que, ante estas afirmaciones, el católico suele argüir repitiendo aquellas palabras que el evangelio de Mateo pone en boca de Jesús, dirigiéndose a Simón: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18).
         Sin embargo, para la exégesis más rigurosa, tales palabras –exclusivas de Mateo- no pertenecerían a Jesús, sino que recogerían el sentir de la comunidad del propio evangelista; comunidad que reconocía a Pedro como figura legitimadora. La segunda parte de la afirmación –nacida también dentro de aquella comunidad y referida a ella misma- no puede ser sino una expresión de deseos. Mal que le pese a nuestra mente y por más frustrante que resulte para la necesidad de seguridad de nuestro ego, todas las formas son impermanentes y, por tanto, transitorias: la Iglesia también pasará. Lo único que permanece es Aquello que es y que, por ello mismo, somos.

         ¿Y el catolicismo? Constituye sin duda una imponente construcción religiosa, que ha aportado innegables riquezas de humanidad, a la vez que ha generado mucho sufrimiento.
         Ha tratado de dar respuesta al misterio del existir –eso es una religión-, en unas determinadas coordenadas espaciotemporales. Ese es su mérito y su límite. Como “mapa” que ofrece pistas para entrar en el “territorio”, es válido y legítimo, dentro de los límites de todo lo humano. El problema surge cuando el mapa se absolutiza y se erige en criterio último de verdad: entonces la religión se hace indigesta y peligrosa.
         El catolicismo se absolutiza y hace daño –como cualquier otra religión- cuando piensa que con él ha llegado el “culmen” de la verdad y que cualquier otra doctrina debe juzgarse a su luz. O cuando se considera como la “religión definitiva”, sin advertir que esa misma creencia lo único que revela es el nivel de consciencia mítico de quien la sostiene. Como cualquier otra forma histórica, también el catolicismo será superado y trascendido.
         En una homilía reciente (31 de diciembre de 2014), el papa Francisco –que, por otra parte, tanto está haciendo por “volver” al evangelio- expresaba lo siguiente: “Sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, una moral, un sentimiento. Sin la Iglesia, nuestra relación con Cristo estaría a merced de nuestra imaginación, de nuestras interpretaciones, de nuestro estado de ánimo”.
         Me parece que esa frase –una de las más desafortunadas que le he oído al actual papa, y que se inscribe dentro de la teología más conservadora y etnocéntrica (eclesiocéntrica)- no solo no hace justicia a la realidad, sino que encierra un engaño peligroso, al reducir la figura de Jesús a la interpretación dogmática que la Iglesia hace de la misma.
         Indudablemente, Jesucristo puede quedar reducido a una idea, una moral y un sentimiento. Pero también a una interpretación religiosa y excluyente, que reduce y tergiversa su figura. Sin embargo, cabe una aproximación más ajustada a la historia y más fiel al propio mensaje de Jesús. Toda lectura es ya una interpretación –no puede ser de otro modo- y pensar que las interpretaciones únicamente las hacen los otros es caer en un error de bulto, que no favorece crecer en la verdad. En cualquier caso, la clave para comprender nuestras aproximaciones a la figura de Jesús pasa, de una manera radical, por el paradigma en el que cada cual nos encontramos y, más básicamente aún, por el modelo de cognición que utilizamos, como he expresado más arriba.
         En el aspecto concreto que nos ocupa, es legítimo que el catolicismo diga remontarse a Jesús. No lo es, sin embargo, que pretenda monopolizarlo o que exija imponer la suya como la única interpretación válida de la historia del nazareno: Jesús siempre trascenderá cualquier cuerpo dogmático en torno a su figura.
         Intuyo que, antes o después, las religiones están llamadas a reconocerse como “mapas” –valiosos y limitados-, que no tengan otra pretensión que la de favorecer y facilitar que las personas vivan su verdad más profunda –eso es la “dimensión espiritual”-, en un proceso en el que las mismas religiones irán desapareciendo, trascendidas en una espiritualidad abierta, inclusiva, experiencial…, es decir, radicalmente humana.
         La alternativa, por tanto, pasa por abrirse a la espiritualidad que, aun valorando lo que las religiones han aportado, sin embargo las trasciende. Y mientras estas ofrecen creencias que parecían prometernos seguridad, aquella nos ancla en la certeza de lo que somos, llenándonos de luz y ensanchando nuestro corazón hasta poder decir –como Jesús- que “todos somos uno”.
         Tal postura conecta mejor con la intuición y la propuesta de Jesús, con su carácter universal e inclusivo, con su sabiduría que no conoce fronteras y con su visión no-dual de lo real.
         Cada día tenemos más claro que, así como las creencias en Dios dificultan experimentarlo, la adhesión al catecismo impide el acceso abierto al evangelio, porque este –sin que la persona lo advierta- ha sido ya previamente filtrado por aquel.

Postdata:

         Después de haber enviado este artículo a un grupo, una lectora atenta me hace llegar el siguiente texto del papa Francisco, que yo desconocía. Lo transcribo a continuación, porque estas me parecen unas palabras realmente “inspiradas”. Dice así:

No es necesario creer en Dios para ser una buena persona. En cierta forma, la idea tradicional de Dios no está actualizada. Uno puede ser espiritual pero no religioso. No es necesario ir a la iglesia y dar dinero. Para muchos, la naturaleza puede ser una iglesia. Algunas de las mejores personas en la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”.  

(A quien desee profundizar en las cuestiones aquí apenas apuntadas, le sugiero la lectura del libro que acabo de escribir y que, en breve, publicará la editorial PPC, con el título: “Cristianos más allá de la religión. Cristianismo y no-dualidad”).

Teruel, 12 enero 2015.